Hay una pregunta que aparece en casi todos los eventos, aunque no siempre en el mismo momento. No surge el primer día ni el último. Aparece justo cuando el organizador empieza a mirar las ventas con atención y piensa: ¿estoy cobrando demasiado… o demasiado poco?
Aquí está el problema: cuando esa duda aparece tarde, las decisiones suelen ser malas. Subidas impulsivas, bajadas por miedo o cambios constantes que confunden al público. Los eventos que funcionan no improvisan el precio: lo gestionan con datos.
En plataformas como Entrapolis, donde el organizador puede ver el ritmo de ventas diario, las entradas en proceso de compra y el impacto real de cada cambio, esta diferencia se vuelve evidente. No se trata de “tocar el precio”, sino de entender cuándo tiene sentido hacerlo.
Vamos a entender cuándo subir o bajar el precio de las entradas, por qué hacerlo en cada caso y qué hábitos pueden marcar la diferencia y hacer mucho más rentable tu evento.
El precio no se decide sobre la marcha
Antes de hablar de subir o bajar precios, hay una idea clave que conviene dejar clara. En los eventos bien organizados, el precio se define antes de abrir ventas. No se improvisa según el ánimo del día ni según un mal fin de semana.
Eso no significa que no pueda cambiar. Significa que los cambios forman parte de una estrategia de precios para eventos pensada con antelación.
Normalmente se trabaja con:
- Precios por tramos.
- Escenarios posibles según ventas.
- Límites claros de hasta dónde subir o bajar.
Este enfoque evita uno de los errores más comunes que se repiten en muchos eventos pequeños: cambiar el precio cada vez que aparecen los nervios. Cuando el organizador tiene visibilidad real de lo que pasa —como ocurre al revisar las métricas de ventas en Entrapolis—, esa ansiedad baja.
Cuándo subir el precio de las entradas
Subir el precio de las entradas no es castigar al público. Es responder a una señal clara: la demanda existe.
La regla más fiable: 60–70 % del aforo vendido
Cuando un evento ha vendido entre un 60 % y un 70 % del aforo sin incentivos, el mensaje es claro. Hay personas dispuestas a pagar el precio actual y todavía quedan entradas.
En ese punto, subir el precio de las entradas suele funcionar porque:
- La escasez es real.
- El valor percibido aumenta.
- El riesgo de frenar ventas es bajo.
Muchos organizadores aplican aquí la llamada regla 70/20/10:
- 70 % vendido → puedes subir precios.
- 20 % pendiente a pocos días del evento → revisa estrategia.
- 10 % final → ajusta según tu objetivo: llenar o maximizar ingresos.
Cuando puedes ver estos porcentajes con claridad, tomar la decisión deja de ser intuitivo y pasa a ser estratégica.
El momento importa más que la subida
No todas las subidas funcionan igual. Las mejores coinciden con un contexto claro:
- Un anuncio importante.
- La confirmación de un artista o ponente.
- Un pico de tráfico tras una acción de comunicación.
Cuándo bajar el precio de las entradas (y cuándo no)
Bajar precios es más delicado que subirlos. Mal hecho, daña la percepción del evento. Bien hecho, puede reactivar ventas.
La clave es entender por qué se baja.
La señal correcta: ventas estancadas varios días
Un día flojo no significa nada. Dos tampoco. Pero cuando el ritmo de ventas se frena durante varios días seguidos, hay una fricción.
Si además:
- Hay visitas a la página.
- Hay entradas en proceso de compra.
- El calendario empieza a apretar.
Entonces, bajar el precio de las entradas puede ser una opción, siempre que el problema sea económico y no de interés.
La excusa que debes dar al público
Nunca se baja el precio sin explicarlo. El público necesita un motivo claro y lógico. Algunas excusas habituales y bien aceptadas son:
- Oferta limitada durante 24–48 horas.
- Últimas entradas promocionales.
- Acción puntual por fecha concreta.
Esto protege la confianza y evita la sensación de improvisación.
Un error grave es bajar precios justo después de haberlos subido. Eso genera desconfianza y enfado en los compradores anteriores.
Menos cambios, mejores resultados
Uno de los hábitos más claros de los organizadores consistentes es este: cambian precios pocas veces.
Uno o dos ajustes bien pensados funcionan mejor que muchos pequeños cambios. Cada modificación comunica algo. Si el mensaje cambia cada semana, el público deja de creerlo.
Herramientas que ayudan a decidir bien
Para saber cuándo subir o bajar el precio de las entradas, no basta con mirar el total vendido. Hay que mirar el contexto.
Algunas herramientas clave:
- Ventas por día, no solo acumuladas.
- Número de entradas en proceso de compra.
Si muchas personas llegan al pago, pero no compran, el precio puede ser el freno.
Trucos prácticos que funcionan
Hay pequeños ajustes que marcan la diferencia:
- Subir precios después de un pico de tráfico.
- Bajar precios solo durante ventanas cortas.
- Medir cada cambio durante al menos 48 horas.
- No tocar el precio por un mal día.
Los eventos que fracasan suelen cambiar precios sin esperar resultados claros.
Tendencias que ya se están viendo
Cada vez más eventos trabajan con precios dinámicos por tramos, pero no de forma improvisada. Ya no se espera a que falten pocos días para subir o bajar precios. El cambio se activa cuando las ventas lo justifican. Si un evento vende bien desde el inicio, el precio sube antes. Si no avanza, se revisa antes. El calendario importa, pero el ritmo de ventas manda.
Otra tendencia clara es que el móvil concentra la mayor parte de las compras. Esto cambia por completo la forma en la que el público decide. En móvil no se comparan tantas opciones ni se guardan entradas para “pensarlo más tarde”. La decisión es rápida: compro ahora o me voy. Por eso, el precio pesa más que nunca en los últimos pasos del proceso de compra.
También se acorta el tiempo de decisión. Muchas compras se hacen el mismo día en que el usuario descubre el evento o recibe un impacto (un anuncio, una confirmación, una recomendación). Si en ese momento el precio no encaja con la percepción de valor, la compra no se completa y es difícil que vuelva más adelante.
En la fase final, cuando el usuario ya está a punto de comprar, el precio se convierte en el principal freno o acelerador. No es tanto “si el evento me gusta”, sino “si lo compro ahora o lo dejo pasar”. Por eso, los cambios de precio deben ser claros, puntuales y bien comunicados. Un ajuste sin explicación genera dudas; un ajuste con contexto (últimas entradas, cambio de tramo, cierre de anticipadas) ayuda a tomar la decisión.
En resumen: menos cambios, mejor pensados, basados en datos reales de venta y adaptados a un público que decide rápido y compra desde el móvil.
Una guía simple para no equivocarte
Un enfoque claro y repetible sería:
- Define precios por tramos antes de abrir ventas.
- Mide resultados cada 48 horas.
- Ajusta solo si hay un patrón claro.
- Comunica siempre el motivo del cambio.
- Evalúa el impacto antes de volver a tocar el precio.
Este hábito, repetido evento tras evento, es lo que separa a los organizadores que improvisan de los que construyen eventos rentables.
Saber cuándo subir o bajar el precio de las entradas no es cuestión de intuición. Es cuestión de leer bien las señales y actuar con criterio. Cuando el precio se gestiona como una estrategia y no como un parche, el evento deja de depender de la suerte.



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